La comunicación estratégica en la escuela al servicio de docentes y alumnos

Los niños en la escuela primaria levantan la mano en el aula

“No hay nada más noble que poder captar la atención de las personas con palabras, dirigir sus opiniones, desviarlas de lo que consideramos incorrecto y conducirlas hacia lo que apreciamos” (Cicerón, de Oratore, 55 a.C.)

¿Es posible que el lenguaje evocativo pueda ser la palanca para inducir una mayor pasión y curiosidad en los jóvenes hacia la cultura y el conocimiento? Es de la comunicación de donde debemos partir, o tal vez de otra manera. La palabra comunicación suena muy actual y nos recuerda al sistema cultural contemporáneo: en torno a ella se han desarrollado teorías y también se han instituido carreras universitarias, al punto que ahora incluso se abusa del término.

El tema es sin duda uno de los más debatidos y la habilidad comunicativa parece ser el requisito indispensable para orientarse y emerger en el mundo actual. Sin embargo, existe una paradoja: en la era de la información global y tecnológica, la capacidad de expresarse de manera clara y correcta es cada vez menor. No es difícil comprobar que el nivel de competencia lingüística y expresiva del graduado “estándar” de hoy en Italia coincide sustancialmente con el de aquellos que ayer abandonaron la escuela obligatoria (regreso y analfabetismo funcional). El arte de comunicar tal vez debería volver a ponerse al servicio de la comunidad, por tanto también de la Escuela; así como debe repensarse la eficacia del orador-profesor, cuyo juez es el auditorio: los alumnos.

Y los efectos a reavivar son al menos tres: que el oyente se convenza con las palabras; que se deleita con ella, sintiendo una musicalidad parecida a la poesía; que se implica emocionalmente, gracias también a resaltar claramente lo que siente el hablante. Entre las muchas fórmulas lingüísticas que encontramos descritas en la literatura, sólo unas pocas son las capaces de producir inmediatez analógica y emocional. Metáfora, narración y aforismo, todas herramientas comunicativas ya ampliamente utilizadas en los escritos griegos, así como en la antigua sabiduría china.

Entre estos, el aforismo parece ser el más efectivo: desarma, elude la resistencia, provoca lo que el prof. Giorgio Nardone en su Terapia Estratégica, llama "experiencia perceptiva y emocional correctiva". Si tratamos de trasladar este constructo operativo al mundo escolar, los objetivos pasan a ser: captar y formar a los niños; haciendo las enseñanzas imborrables y por tanto gratificantes, con el uso adecuado de los aforismos.

Su fórmula constitutiva, en efecto, al no basarse en la lógica lineal más tradicional, puede constituir una nueva y eficaz ganzúa a disposición del profesor, que se ve obligado a abrir todos los días la puerta mental de un joven (que en términos de distracción sabría cómo escribir un libro!). Sentimientos frustrantes de cansancio y dificultad para transmitir mejor conocimientos y habilidades a los adolescentes en medio del desarrollo hormonal y la búsqueda espasmódica de comprender el mundo fuera de la familia/escuela: esto es lo que a menudo experimenta el maestro.

Algunos son los ingredientes clave para poder producir una lección "casi perfecta", como lo llamó Alfred de Musset: captar la atención y el interés; construyen poco a poco una relación intensa que sabe tocar otras cuerdas suyas, además de la cognición; crear y mantener la motivación para “aprender a aprender”; estimular a la persona-estudiante a hacer esas enseñanzas, a saber Útiles.

Desde un punto de vista estratégico, un uso prudente y mesurado de aforismos recortados y distribuidos ad hoc en la fase inicial, central y final del conocimiento expresado, facilita el aprendizaje significativo, ese es el tipo de aprendizaje que permite dar sentido a conocimiento, ''integración de la nueva información con la ya poseída y el uso de la misma en diferentes contextos y situaciones (habilidades para resolver problemas, pensamiento crítico, meta-reflexión). De hecho, el “timing” correcto es esencial, es decir, dirigido a un objetivo, a su vez calibrado en el tipo específico de clase.

Otro criterio importante: el tipo de efecto que se quiere provocar, es decir, hacer sentir al alumno la sintonía del adulto, creando un efecto disruptivo de descubrimiento, evocando sentimientos aversivos hacia las formas de ver las cosas y reaccionar ante ellas; amplificar sensaciones agradables hacia una actitud/cognición/comportamiento a incrementar, enmarcar los logros alcanzados.

Una investigación-intervención que realicé en este sentido en 10 escuelas secundarias de Trentino (40 clases en total), registró como indicadores de eficacia (el impacto concreto y positivo en profesores y estudiantes dado por la introducción estratégica de aforismos en diferentes tipos de lecciones y asignaturas) y eficiencia (cuánto y cuál es el esfuerzo realizado por el docente en la elaboración de la unidad didáctica y durante la lección), los siguientes resultados operativos.

Para los profesores (Cuestionario de Autoevaluación y Observación en el aula), un alto nivel de satisfacción al final de 10 lecciones, en comparación con la lección frontal; alto grado de atención y participación de los alumnos en las dos diferentes situaciones de aprendizaje (con y sin aforismos) y un aumento significativo de las notas obtenidas por los alumnos durante dos pruebas (escrita/computadora y oral); la preparación de las unidades didácticas es más compleja solo en las etapas iniciales, volviéndose gradualmente más natural y automática; alta amabilidad de la calidad relacional del clima de aula, con reducción del estrés percibido. Para los alumnos (Cuestionario de Autoevaluación y Aprendizaje), aumento de la capacidad atencional y participación activa, mejora del rendimiento, alto grado de satisfacción frente a las lecciones tradicionales, mayor propensión a comprometerse con el estudio en casa.

Es cierto que, como nos recuerda Cicerón, existe un vínculo inseparable entre la moral y la elocuencia, entre pensar bien y hablar bien y quizás el mensaje más fuerte, quizás hoy más transgresor, de su pensamiento radica precisamente en esta identificación. El arte de comunicar no puede prescindir de un amplio conocimiento y de un replanteamiento ético: de hecho, es por definición una virtud que no puede disfrutarse aisladamente, sino que debe ponerse al servicio de la sociedad y especialmente de los jóvenes, que la constituyen. .

"Una verdad dicha en pocas palabras, pero dicha de una manera que asombra más que una mentira, es un aforismo(Papiní).

Dra. Marisa Ciola (Psicoterapeuta Oficial del Centro de Terapia Estratégica)

 

Referencias
Nardone G., Watzlawick P., "el arte del cambio", Ponte alle Grazie, Florencia, 1990.
Nardone G., Watzlawick P., "Terapia Estratégica Breve", Raffaello Cortina Editore, Milán, 1997.
Nardone G., Salvini A., "Diccionario Internacional de Psicoterapia", Garzanti, Milán, 2013.
Nardone G., "Resolución de problemas estratégicos de bolsillo", Ponte alle Grazie, Milán, 2009.
Nardone G., "Cambia de ojos, toca el corazón", Ponte alle Grazie, 2007.
Nardone G., "El noble arte de la persuasión", Ponte alle Grazie, Milán, 2015.
Bortolotti A., “Clap”, Ec Creativa, Trento, 2015.

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